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¡Sobreviví al fin del mundo!

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Durante mucho tiempo oí, ví y leí cosas sobre el fin de los tiempos, todo el mundo estaba sólidamente confiada de que en el 2000 el mundo llegaría a su fin. Hubo una histeria colectiva porque la tecnología cobraría conciencia y atacaría a los seres humanos llevándolos a su exterminio. Yo era una niña y en realidad estaba sumergida en pánico.  ¿Qué pasará cuándo serán las 12 de la noche y sea el nuevo milenio? ¿Si las computadoras cobran vida, cómo nos salvaremos? ¿Las máquinas podrían manejar a su antojo a los robots y nos asesinaran? ¿O emplearán sus cables como extensiones corporales y nos harán daño con ellos? Había visto muchas veces Terminator y la vida con Skynet como dominadora del mundo tenía mucho sentido. Yo nunca fui religiosa, además era muy joven, tenía 12 años y mi etapa rebelde en apogeo me hacía dudar hasta de mi propia existencia, mientas más se acercaba el 31 de diciembre, la histeria se hacia más fuerte, sectas religiosas u...

¡No me llamen gorda!

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¡No me digas gorda! ¿Alguna vez se han puesto en el lugar de una persona que tenga un aspecto diferente a lo "normal", en los zapatos de una persona con un color de piel diferente, de una cultura distinta, de una persona muy alta o muy baja, o de una persona con sobrepeso? ¿Saben cómo se sienten cuando los catalogan por una característica física que no define lo que son como ser humano? Esta publicación está dedicado a los diferentes, especialmente a los gordos. Y remitiré algunas de las cosas que considero son más difíciles de sobrellevar. 1. La presión social: encajar en este mundo digital donde todos los días estamos sujetos al escarnio público a través de las redes sociales la presión social es aún mayor sobre l@s gordit@s. Las amistades, compañeros de escuela, amigos y familiares e incluso un desconocido siempre detallarán e incluso se atreverán a juzgar y a criticar por el sobrepeso "ay mira como se te marcan los rollitos" "ya tienes papada" ...

Epitafio

Durante la vida de Lucio sólo hubo una cosa importante, obrar bien. Su padre siempre le recordaba que habían tres cosas importantes para ser recordado: las palabras, el trabajo y las buenas acciones.  Lucio un lánguido joven no disfrutó mucho de su vida, temeroso de todo, privado de la diversión, de la alegría incluso del amor por miedo a no ser recordado como un buen hombre, por temor a que su vida en el más allá estuviera plagada de horrores.  Se levantaba temprano, con el primer cantar de gallos, dormía apenas oscurecia, no hablaba fuerte, se casó por conveniencia.  Su esposa siempre servil y tranquila era una copia de Lucio, llevaba el hogar como en los tiempos de antaño, los pocos sobresaltos que había en el hogar de Lucio era cuando su hijo estaba enfermo. No los visitaban, era una casa tranquila y blanca.  El café fue el único vicio de Lucio, no tenía riquezas, no salió jamás de su ciudad, trabajaba como herrero y el taller estaba en su ca...

Sobreviviendo 8 días en Venezuela: Una odisea inimaginable

Recientemente tuve que viajar a Venezuela para defender mi tesis de maestría en historia, después de un año viviendo en Chile. No puedo describir la alegría que sentía al pensar que volvería a ver a mi familia y que culminaría una etapa en mi vida. Viajé desde Valparaíso a Santiago de Chile, un día antes de mi vuelo, dormí en el aeropuerto junto a mi pareja y al amanecer salió mi vuelo, rumbo a Cúcuta, pues sólo me alcanzó el dinero para llegar en avión hasta la frontera con Venezuela. Dentro de mis planes estaba pernoctar en el aeropuerto de Cúcuta pero para mí sorpresa el mismo es cerrado a las 12 de la noche para evitar que se queden los migrantes venezolanos allí. En medio de una crisis nerviosa y financiera debí acudir al servicio de taxi que se encuentra en el aeropuerto y un caballero Colombo-venezolano me trasladó a un hotel en la Parada, Santander, a pocas cuadras de la frontera. Allí esperé hasta las 4 AM hora colombiana para poder dirigirme a migración Colombia y sellar ...

Un estúpido día

Hoy me levanté muy temprano, en un día al que no quería acudir. Desayuné sin ánimos, bebí café sin sabor, tomé agua que sabía amarga y oí pájaros que trinaban sin ritmo. Ví a mi alrededor y no había nada ni nadie, me vestí con ropa sucia y los zapatos más cómodos que tengo, me coloqué los audífonos y salí a correr, corrí y corrí, ya no tenía fuerzas pero seguí corriendo, pasé por un parque donde sólo habían perros, una panadería sin pan y ancianos que me miraban las nalgas y se excitaban sólo de mirar, seguí corriendo por bastante tiempo más, seguí viviendo éste día sin sentido. Corrí de vuelta a la casa, no había nadie ni nada, estaba sola con mil cosas por hacer, no quería hacer nada, ni comer, ni beber, ni respirar, ni ser. Las horas pasaron tan lento, las horas me torturaron en este día tan  absurdo, lavé ropa, cociné, lavaba los platos e imaginaba Miles de historias para escribir, nada de lo que imaginé pude recordar, ningún personaje, ningún paisaje, ningún pensamiento, se...

Mi trópico

Tu dulce aroma de orquídeas, altas palmeras de la costa, Clima cálido, agua tibia y calmada, Cristalinas olas de mar, la cordillera de la costa, El caribe azul, caracoles de marinos, los corales cuales guardianes . El sonido del tambor, la algarabía de los costeños, Una señora fuerte como un roble, preparando besitos de coco, El cacao tostándose en la plaza, esparce su olor en el pueblo, La iglesia el domingo sonando sus campanas. Los crepúsculos al atardecer, son únicos, mágicos , Los colores dibujan un cuadro impresionante en el horizonte, La ciudad musical retumba, los vendedores de mango en la calle, La procesión de la virgen, un calor sofocante. La cordillera andina, altas montañas nevadas, El olor a fresa, guayaba y duraznos, La nevada, las personas atravesando las alturas en el teleférico, Los viejitos tocando violín en una esquina. Los llanos atravesados por el ganado, Grandes pastizales incendiados por el sol, Las viejitas moliendo maíz, el fogón prepar...

Chinatown

Anduve vagando un día sin nada que hacer, muriendo de melancolía, me fui caminando hasta las profundidades de la ciudad, por callejones que desconocía y viendo gente extraña y niños llenos de alegría. Hasta que de pronto todo era rojo, amarillo y dorado, colores llamativos olores repulsivos provinientes del pescado fresco. Había caminado tres decenas de calles sin percatarme de dónde había parado. Miró hacia al frente y todos me parecían muy similares, ancianos sentándos en una banca recostados de la pared usaban pantalones de lino marrón desgastados y camisas blancas manchadas por los años, remangadas hasta los codos y un sombrero gigante de alguna especie de palma, delgados y pequeños de tamaño, las señoras cabizbajas respetando la importancia del patriarcado. Por ahí iba yo caminando, mirando huevos milenarios de patos, fruncidos en vinagre y tofu curtido en jarros. Fetos de animales envasados, raices y ramas que curan desde la impotencia sexual, hasta el cáncer. Callejones estrec...